Sangre corriendo sobre el escritorio, se derrama como una catarata hasta llegar al piso, donde el detective la absorbe en un paño que luego deposita en una bolsita de plástico.
-¿raro no?
le dice a su compañero, que no deja de sacar fotos de toda la escena del crimen.
-la verdad no entiendo negro, pero más vale que lo averigüemos pronto.
En eso, el que está sacando las fotos advierte una nota, pequeña, debajo del lago de sangre próximo a la garganta del muerto, el flash había podido aclarar la sangre y dejó ver algo más. Usando una pinza, logró sacar del charco la nota, en la cual leyó, no muy fácilmente lo siguiente:
“…tus palabras se clavan en mi alma, ya no aguanto más. Voy a ponerle fin a esta relación enferma con el mismísimo objeto preciado que con palabras le dió vida.”
-¿pero que carajo? Se suicidó el boludo! se suicidó!
-¿pero cómo? no hay nada aca, solo la cara del tipo contra la mesa y sangre fluyendo de su cuello….
En ese instante sus miradas se cruzaron y advirtieron que no habian levantado el rostro de aquel sufrido. Se aproximan e inmediatamente levantan su cabeza. Del otro lado, una lapicera fuente, de esas hermosas con capuchón dorado que suelen usar los grandes escritores, tenia el filo de la pluma enterrado en su yugular.
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